Hola, bienvenido a tu espacio terapéutico. Estamos muy entusiasmados de acompañar tu camino hacia un mayor bienestar emocional y recibirte en esta primera sesión.
Me gustaría proponerte, para iniciar, un ejercicio de respiración. Esto tiene dos objetivos principales: ayudarte a promover la atención al momento presente y prepararte para el trabajo terapéutico de esta sesión.
Es común que las tareas y obligaciones del día a día nos dejen poco tiempo para dedicar a nuestro bienestar. Encontrar un momento de calma para prestar atención a nuestros pensamientos y emociones no es tarea fácil.
Te voy a pedir, por favor, que escribas la historia de la relación con tu mascota. Cómo llegó a tu vida, qué momentos especiales compartiste, cómo te hacía sentir, qué hacía que su compañía fuera única y especial.
Puedes dividirla por periodos de dos meses o dos años, según el tiempo que estuviste con ella. Exprésate con las palabras que vengan a tu mente, no intentes que tengan orden o sean perfectamente comprensibles. La palabra en sí misma es curativa; al expresarte libremente, inicias un proceso de sanación.
El duelo es un proceso único y subjetivo. Cómo lo lleves a cabo depende de tu personalidad, historia de vida y la relación con tu mascota. Tiene diversas etapas o dimensiones, y cada persona las vive a su ritmo, y puede tener subidas y bajadas como una montaña rusa.
Hacer un duelo no quiere decir olvidarse del ser amado, sino resignificar poco a poco la relación. Generalmente sentimos rechazo a experimentar dolor, por ello es común que quienes nos rodean nos intenten animar pidiendo que pasemos página lo más rápido posible. Sin embargo, sentir dolor es absolutamente válido y cada persona tiene sus tiempos.
Buscar ayuda y permitirse un duelo adecuado puede representar una gran oportunidad de autoconocimiento y crecimiento personal. Te invito a ver y sentir este siguiente video.
En este punto cerraré la sesión de hoy. Te deseo un proceso vivificante y enriquecedor.